Voto-Económico

14 septiembre 2006

Por el boicot deportivo a Israel


Los deportistas israelíes pueden viajar libremente por todo el mundo, participar en gran cantidad de competiciones. Mientras tanto practicar deporte en Palestina es una osadía o cuanto menos un lujo casi imposible de realizar. El talento de cientos de jóvenes palestinos se malgasta inútilmente debido a la ocupación ilegal de su territorio, al apartheid, a los continuos ataques y bombardeos, al sometimiento, a la humillación diaria que ha convertido Palestina en un gueto. Cuando la lucha por la supervivencia es un reto diario queda muy poco espacio para el deporte. Los padres palestinos no pretenden que sus hijos hagan más deporte, solo pretenden que su hijos no pasen a engrosar la larga lista de niños asesinados o mutilados por el ejercito terrorista de Israel.

Este estado de cosas debe cambiar. No puede ser que los deportistas del resto del mundo compiten con los deportistas de Israel ignorando el apartheid que practica Israel contra la población árabe. Un boicot al deporte de Israel es tan necesario como antes lo fue con la Sudáfrica racista. Ello debe ser visto como una medida no violenta de presión contra unas políticas racistas y criminales. Si los políticos no actúan la gente debe actuar. Nuestra dignidad esta en juego. Muchos intereses económicos están en juego para evitar este necesario boicot. Sin embargo las personas que creemos en que todos los seres humanos son iguales en esencia y comparten la misma dignidad, debemos actuar activamente a favor del boicot a Israel en el deporte. Ese boicot se debe realizar hasta que Israel finalice su practicas racistas y criminales contra la población árabe. Todos los medios pacíficos son válidos: manifestaciones, cartas, e mails de protesta, llamadas, dejando de asistir a cualquier acto deportivo en que participe Israel...pero el objetivo esta claro...las practicas racistas deben terminar, al igual que la ocupación o los métodos terroristas contra la población palestina y árabe en general. La paz esta en juego, pero nuestra dignidad como seres humanos también.